Nidos: lo más habitable

está tejido de andrajos

Jorge Reichman

Siempre he pensado que es muy puerco empezar un texto con una cita de otro, comparable a pedir prestados unos zapatos para ir a una rave, puede que este sea el motivo por el que se ajusta bien al espíritu de la basitruz comenzar de este modo. Repito

Nidos: lo más habitable

está tejido de andrajos

Soy como los que me rodean y al igual que vosotros tengo claro que vivimos en un mundo excesivo. Un lugar donde el modo más limpio de no contribuir a la saturación consiste en fluir con las cosas por los meandros de sus propias sustituciones. Nunca seré capaz de imponerme a ningún estado de cosas por muy perturbado que parezca el todo en general. Por eso, cada una de las situaciones de aprendizaje que he vivido hasta ahora están directamente ligadas con lo que sobra en un intento por no tener nada que ver con esta realidad en perpetuo desmadre. Quiero, por decirlo de un modo comprensible, ser puro de corazón.

Una vez –y solo una, decisiva además– soñé que me disponía a sentarme a la mesa de una muy nutritiva comida familiar. El mantel es de cuadros, el puchero humea y alguien ordena: Julia, sirve. En respuesta a semejante violencia apelativa sufro un ataque hipertímico emocionalmente interpretado como un exceso de alegría por demostrar mi posición en el mundo. Agarro el mantel por sus esquinas y lo lanzo al aire mientras grito: ¡No sirvo!

Qué gustazo ver volar el orden establecido justo antes de que suene el despertador.

A partir de aquí y dejando trabajar al tiempo sobre la existencia he llegado a zonas más sofisticadas para esclarecer mi manera de estar más allá de la parte literal. Por lo que a mi respecta siempre que puedo lo nuevo es acogido tras haber sido negado previamente con la beneficiosa calificación del NO SIRVE PARA NADA. En este punto se activan las tantasmil posibilidades de ser cualquier cosa en mi incansable postura de comemierda. Entendámonos desde el principio, de momento hay al menos dos tipos de comemierda en mi universo gramatical y yo pertenezco al segundo.

Al primero lo etiqueto como La Aspiradora. Suele ser una persona equipada con lo exquisitamente necesario para desarmar la vida de las pelusas de polvo y pelo que se manifiestan a nuestro alrededor. Sus ambiciones sociales de anfitriona de fiesta, empleada cabal, nuera sonriente, tía favorita, subordinada de confianza, estudiante aplicada, campeona de juegos de mesa, prudente conductora, cuidadora de plantas y animales domésticos le obliga a aspirar todas las mañanas con toda la capacidad de sus pulmones. Le gustaría hacerlo mejor, siempre se puede hacer mejor, ser como el bulldozer del que está calibradamente enamorada. La Aspiradora fantasea viéndose a tamaño industrial en una corporación japonesa devorando ciudades de polvo y pelusa cada jornada. Una máquina monstruosa de hacerlo bien en los términos operativos de eficacia que ha decidido ser y hasta las últimas consecuencias de lo que sea este hacerlo bien.

Bien. La Aspiradora tiene muchos problemas pero solo uno afecta directamente a nuestro tema y consiste en la necesidad de contar con alguien más diestro que ella misma para cambiar su repositorio de cuestiones no higiénicas hábilmente ingeridas. La Aspiradora ni es autónoma ni podría parpadear sin electricidad. No es tan limpia. Aspira sin espirar, forma parte del mismo tramo de lo real que la suciedad, es solo un vehículo para su mudanza. Traslada la porquería de X a Y.

Yo no sirvo.

Tlazoltéotl es una diosa huasteca generatriz a las que algunos hombres gordos con barba decidieron llamar La Comeinmundicia. Señora de los genitales y el aparato urinario tiene, entre muchos otros atributos, las siguientes capacidades: enloquecer a los humanos, permitir que se procreen, administrar enfermedades y curarlas en las zonas físicas que gobierna, limpiar los pecados de los moribundos tan solo escuchando el relato de su vida. Por esto último los sacerdotes que mataron hasta su última seguidora también se referían a ella como La Comepecados. Concebir y defecar, renovar y pudrir, una tipología de comemierda que sabe que hay un momento en el ciclo en el que se puede intervenir para que el resultado sea mejor que el material y la energía empleados. Una comemierda inventora fundando nuevos modos de engendrar. Una comemierda que entiende la responsabilidad que carga el verbo servir.

Tlazoltéotl es la señora del reciclaje cósmico. Limpia lo viejo y usado, desprende del cuerpo las rémoras y venenos, sopla el hilo y enciende la luz que pone en funcionamiento el milagro de la vida. Servir es un verbo sagrado, seria interesante –muy interesante– mapear su singladura teológico-política, saber desde donde llega hasta nuestros días, que condiciones ideológicas han ido tallando su significado, cuando comienza a convertirse en botes de plástico, en refugios sociales donde controlar seres vivos, en instrucción militar o ropa de licra.

El telar extendido para ordenar mi pensamiento se alborota y nudea alrededor de la polisemia del término servicio, seguramente para un lingüista este barullo de hebras desconcertadas solo sea un seudoproblema pero a mi me resulta increíble que tengamos la misma etiqueta para referirnos a una prestación, un séquito, una gasolinera, una ceremonia como por ejemplo una misa y un váter.

Me pregunto en mi situación estructural postcapitalista ¿Cómo no voy a estar hecha un lío, cómo no voy a gritar ¡no sirvo!, cada vez que se presente la oportunidad?

Así pues, acepto el reto llenando con voluntad de resistencia mi espacio reflexivo y vital de palabras y materia sin valor con el único objetivo de escenografíar la inocencia. Si nacemos entre basura y tenemos fijado en nuestro código genético la facultad expansiva para crear mucha más hasta en los momentos en que no hacemos nada –cada acto remite a un desperdicio– entonces mi decisión ejecutiva escala sedimentos invertidos hacia el inframundo que hay bajo tierra donde las raíces alimentan a pesar de su engañosa no participación.

Digamos que estoy construyendo un universo propio con lo que se abandona o que un firme impulso bizarro y nervudo me hace ver dioses donde solo hay desperdicios.

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«Químicamente hablando, las mujeres más hermosas solo están compuestas de materia fecal quintaesenciada.»

«Cuando creéis besar una boquita de níveos dientes, besáis un molino de mierda; los manjares más delicados, los bizcochos, los pasteles, las tortas las perdices, los jamones, los faisanes, todo ello sirve solo para fabricar mierda mascada, etc.»

«No cagamos sino para comer, y si la carne hace la mierda, es cierto también que la mierda hace la carne, porque los cerdos de sabor más delicado son los que más mierda comen. ¿Es que en las mesas más finas no se sirve mierda guisada? ¿No se preparan con la mierda de becadas, agachadizas alondras y otras aves, mierda que se sirve entre platos para despertar el apetito? Las morcillas, embutidos y salchichas, ¿no son guisos en sacos de mierda? La tierra se volvería estéril si no se cagara, esa tierra que produce los manjares más necesarios y delicados a base de cagajones y mierda; dando por sentado que no cagará en campo ajeno quien puede cagar en el suyo. Las mujeres más bellas son las que cagan mejor, en tanto que las que no cagan se vuelven secas y delgadas, y por consiguiente feas. Los cutis más finos se mantienen tersos gracias a frecuentes lavativas. Es, pues, a la mierda a quien debemos la belleza.»

Le tutu. Moeurs fin de siècle. Princesa Safo

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¿Cuántas copias de la Biblia Catalana Interconfesional

Hay enterradas en el vertedero de Sao Paulo? Hay cuatro:

Una está un poco mordida, pero tres están en buen estado

¿Cuántos incunables, cuántos miles de amatistas?

¿Y cuántas copias gratuitas de evaluación de Windows Vista

En el vertedero de Sao Paulo? Cientos, al menos una

El vertedero de Sao Paulo no es una metáfora

Sino un vertedero que tienen en Sao Paulo

Según se ve, en Sao Paulo tiran las basuras

Y van a parar a un vertedero

¿Cuántos litros de plasma sanguíneo AB negativo? Muchos

¿Cuántas egagrópilas de búho?

¿Y cuántos millones de pesetas en monedas de 20 duros?

¿Cuántos filtros para el grifo de carbón activo hay

Cada uno en su funda, en el vertedero de Sao Paulo?

Sucios, pero funcionan

El vertedero de Sao Paulo no es una metáfora

Sino un vertedero que tienen en Sao Paulo

Según se ve, en Sao Paulo tiran las basuras

Y van a parar a un vertedero

¿Cuántas cepas de la gripe española o de carbunclo

Empapando fotos de Natalia de Operación Triunfo? ¿Cuántas?

El vertedero de Sao Paulo no es una metáfora

Sino un vertedero que tienen en Sao Paulo

Según se ve, en Sao Paulo tiran las basuras

Y van a parar a un vertedero

El vertedero de São Paulo. Astrud

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«Aseguraba Roth que, para escribir, lo que hay que hacer es coger basura, luego echar gasolina, luego más basura y luego darle fuego. Decía que si la basura es tuya, la hoguera prende bien y eso es el libro. Pero que tiene que ser basura propia.

Roth insistía en que el escritor debe ser honesto con su basura. Supongo que quería decir que el único método científico de hallar basura es buscarla dentro de uno mismo.

Esa es la basura de verdad y aquella que más tarde el buen lector reconocerá como basura auténtica, y logrará también hacer arder en la segunda fase de todo libro, la lectura.»

Diarios 1999-2003. Iñaki Uriarte

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«Lo bello se halla removiendo escombros.»

«Lo nuevo aumenta o disminuye lo viejo. Lo nuevo de por si no es nada.»

Voces abandonadas. Antonio Porchia

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«A nuestro alrededor, la erosión y los insectos se comen el mundo, sin importarles ni la gente ni la contaminación. Todo se degrada biológicamente sin necesidad de nuestra intervención.»

«Todos somos abono orgánico»

Invisible monsters. Chuck Palahniuk

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«Los escombros se convierten en nuevos elementos de un emblema propio, decididamente no-clásico, de una alegoría de la transitoriedad sobre la que la eternidad se posa.»

Principio de esperanza I. Ernst Bloch

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«Lapidarium es un lugar (plazoleta en una ciudad, atrio en un castillo, patio en un museo) donde se depositan piedras encontradas, restos de estatuas y fragmentos de edificaciones –aquí un trozo de lo había sido un torso o una mano, ahí un fragmento de cornisa o de columna–, en un palabra, cosas que forman parte de un todo inexistente (ya, todavía, nunca) y con los que no se sabe que hacer.

¿Quedarán tal vez como testimonio del tiempo pasado, como huellas de búsquedas e intentos humanos, como señales? O quizás en este mundo nuestro, tan enorme, tan inmenso y a la vez cada día más caótico y difícil de abarcar, de ordenar, todo tienda hacia un gran collage, hacia un conjunto deshilvanado de fragmentos, es decir, precisamente, hacia un Lapidarium

Lapidarium. Ryszard Kapuścińki

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«Los deshechos son algo religioso. Sepultamos los desechos contaminados con un sentido de temor y reverencia. Es preciso respetar lo que desechamos.»

«Todo mal olor tiene que ver con nosotros. Vamos abriéndonos camino por el mundo hasta que llegamos a una escena que parece extraída de un medievo moderno, una ciudad de rascacielos de basura, la peste infernal procedente de todos los objetos perecederos que jamás se han agrupado, y se nos antoja como algo que hubiéramos llevado a cuestas durante toda la vida.»

Underworld. Don DeLillo

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«Esta ciudad es un animal fiero y complejo, para entenderlo examino sus excrementos, sus aromas, los movimientos de sus parásitos.»

Watchmen. Alan Moore & Dave Gibbons

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«Crecer significa recoger basura.»

DO IT. Jerry Rubin

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Ética de la basura en Espectros. Manuel Vicens

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«Todo está descomponiéndose en este campo y en el otro. Todo está fermentando detrás de cada palabra. Somos bacteria, moho y pus, detrás de cada bella frase. Nuestro aliento es infeccioso incluso cuando hablamos de Dios porque lo invocamos para justificar el crimen. Pero ¿qué otra cosa podemos hacer? Somos vicio, estragamiento, malignidad, veneno y carnuz. Cada uno vive mientras puede aguantar su propio veneno y el de los demás. Detrás de cada palabra un estercolero. Detrás de cada pudridero osamentas canceladas.»

El superviviento. Ramón J. Sender

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«Veruca Salt, the little brute,

Has just gone down the garbage chute,

(And as we very rightly thought

That in a case like this we ought

To see the thing completely through,

We’ve polished off her parents, too.)

Down goes Veruca! Down the drain!

And here, perhaps, we should explain

That she will meet, as she descends,

A rather different set of friends

To those that she has left behind–

These won’t be nearly so refined.

A fish head, for example, cut

This morning from a halibut.

‘Hello! Good morning! How d’you do?

How nice to meet you! How are you?’

And then a little further down

A mass of others gather round:

A bacon rind, some rancid lard,

A loaf of bread gone stale and hard,

A steak that nobody could chew,

An oyster from an oyster stew,

Some liverwurst so old and gray

One smelled it from a mile away,

A rotten nut, a reeky pear,

A thing the cat left on the stair,

And lots of other things as well,

Each with a rather horrid smell.

These are Veruca’s new found friends

That she will meet as she descends,

And this is the price she has to pay

For going so very far astray.

But now, my dears, we think you might

Be wondering–is it really right

That every single bit of blame

And all the scolding and the shame

Should fall upon Veruca Salt?

Is she the only one at fault?

For though she’s spoiled, and dreadfully so,

A girl can’t spoil herself, you know.

Who spoiled her, then? Ah, who indeed?

Who pandered to her every need?

Who turned her into such a brat?

Who are the culprits? Who did that?

Alas! You needen’t look so far

To find out who these sinners are.

They are (and this is very sad)

Her loving parents, MUM and DAD.

And that is why we’re glad they fell

Into the garbage chute as well.»

Charlie and the Chocolate Factory. Roald Dahl

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«La inminencia de la guerra civil española y el pesimismo de Miró se reflejan en las llamadas PINTURAS SALVAJES. El título de esta obra alude a un comentario de Rembradt, el cual refiriéndose a la pintura, aseguraba que era en un estercolero donde encontraba rubíes y esmeraldas.»

Cartela de Hombre y mujer frente a un montón de excrementos. Fundación Miró

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Low-lands. Thomas Pynchon (de principio a fin. Desperdicio sin desperdicio.)

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Todas las almas. Capítulo 8. Javier Marías

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«THE QUAY BROTHERS. STREET OF CROCODILES 1986.

Las animaciones de los hermanos Quay no ofrecen una perspectiva distinta, sino que crean otra totalmente nueva. Sus mundos son absolutamente únicos, y no tienen nada que ver con el nuestro. Los personajes suelen vivir en espacios secretos hechos de las cosas que nosotros deshechamos, o acontecimientos que parecen pasar a nuestras espaldas. El mundo que recrean resulta ideal para el stop motion. Está compuesto de objetos rotos, a menudo muñecos, texturas, y materiales muy reales imbuidos de intenciones; todos ellos, con el peculiar movimiento que crea nuestra técnica de animación. Objetos simples y cotidianos, como un peine, cobran gran trascendencia. Éste es uno de sus puntos fuertes: pueden convertir un simple tornillo clavándose en una tabla de madera en una escena de gran tensión y dramatismo. ¿Por qué semejantes objetos no podrían tener sus propias historias personales sueños y pesadillas?»

Stop Motion. Barry Purves

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«…qué vista…una ciudad adormilada, que solo piensa en sí misma, mientras la civilización de un planeta remoto se esfuerza por establecer contacto… ¡un encuentro que cambiaría el destino de la humanidad! No obstante, nos preocupamos de pequeñeces…¿no será que somos hormigas en un trozo de basura espacial llamado tierra?»

Vida en otro planeta. Will Eisner

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¡Se acabó! —exclamó Pippi cerrando enérgicamente la puerta del horno tras meter la última bandeja.

¿Qué podríamos hacer ahora? —preguntó Tommy.

No sé lo que haréis vosotros —dijo Pippi, pero, en cuanto a mí, no voy a estar holgazaneando. Soy una encuentra cosas y, naturalmente, no tengo ni un minuto libre […]

Pues una persona que encuentra cosas. ¿Qué, si no? —respondió Pippi mientras barría y amontonaba la harina esparcida por el suelo—. El mundo está lleno de cosas, y es realmente necesario que alguien las encuentre. Y eso es lo que hacen los encuentra cosas.

¿Qué clase de cosas?

Oh, de todo tipo: pepitas de oro, plumas de avestruz, ratones muertos, bombones, tuercas y cosas así.

Bien visto, LA BASURA NO ES TODA BASURA.

Pippi Langstrumpf. Astrid Lindgren


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«Todas las casas albergan objetos inútiles. Guardamos zapatos, libros, figuras, camisas, cuadros, utensilios que carecen de utilidad y significado. Están muertos. Resisten en cajas parapetadas en el desván, en los estantes, en baúles, en pequeños cajones, en lo alto del armario, incluso a la vista, en la librería del salón, en la mesilla de noche, sobre la campana extractora. Forman parte de lo que se entiende, en un término amplio, por “mierda de una casa”, pero a estas alturas ya sabemos que nada posee más relevancia que la mierda que escondemos en nuestro círculo íntimo. He ahí la figura del periodista. Es nuestra mierda, y la amamos. No podría ser de otra manera, porque se hace querer. Era algo inexplicable, oscuro, como tantas otras cosas próximas. Lo sabemos. Es más, no lo sabemos. Por eso nunca cuestionamos qué pinta debajo de la cama la caja de Juegos reunidos Geyper. Por qué aún guardamos el traje de boda. Qué razón hay para conservar el manual de la lavadora en el cajón de los trapos de cocina. No lo cuestionamos porque la basura forma parte de nuestra identidad, no estamos dispuestos a renunciar a ella sin más. Tengo la teoría de que no puedes escribir un libro honesto, auténtico, si no pones toda tu basura encima de la mesa. Tu mierda personal es tu carta de presentación. Tienes que respetarla. Todos estamos de mierda hasta arriba. Sin basura, no hay biografía. Está demostrado que necesitamos aferrarnos a la mierda, aunque sea por un pequeño hilo, para resistir una realidad en la que todo es novedad y cambio constante. La chatarra cobra más valor cuanta más presencia parece tener el lujo. La materia superflua pasa por ser, en realidad, primordial.»


«Tengo un gran respeto por el cubo de la basura, confieso. Habría que revisar nuestras convicciones hacia él, y hacia la basura en general. Vivimos muy equivocados con ella. Tomamos a menudo por mierda lo que no es. Y viceversa. Nos falta criterio para descartar los desperdicios correctamente. Hemingway, que al parecer los sabía todo sobre la basura, sostenía que nada convenía más en su profesión que un detector de bazofia. “El don más esencial para un buen escritor -sostenía- es tener un detector de mierda incorporado, a prueba de golpes. Ése es el radar de un escritor. Y todos los grandes escritores lo han tenido”.»


El váter de Onetti. Juan Tallón

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A este rey de las manías

nuestros hombres raptarán:

limpiará las cañerías,

buscará sus guarrerías

escuchando: “¿Ves, patán?

Si arreglas tuberías

tú verías dónde están.

Es normal que no sonrías,

todas esas porquerías,

porque rías no se irán”.

Y es que aquí todos los días

reparamos averías

de los tubos de Su Alteza.

Y como es un chapucero

vamos, sí, a subir primero

¡Y arreglarle la cabeza!

Mil millones de tuberías, Diego Arboleda

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Ni Lola ni yo tenemos lo que se dice voluntad de limpieza, voluntad de Todo eso a la basura.

El malestar al alcance de todos, Mercedes Cebrián

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La ciudad como dolor de tripas. La pesadilla urbana como expresión de la vida ominosa y vil de los órganos internos. Los siniestros borborigmos del vientre. Por qué construimos las ciudades así. Por qué las queremos como son incluso cuando están sucias. Porque son sucias. Llenas de orines, de escupitajos. Sin sentido y funestas. Con eso podemos sintonizar. Ahí va un principio: el cuerpo siempre está enfermo. Incluso cuando se encuentra bien, o eso cree. Células que devoran células. Todo se reduce a digestión. O indigestión. Lo que en la ciudad llamamos corrupción. Devoradores que devoran lo devorado. Sobre todo en la tumultuosa oscuridad. Es una horrible lucha a muerte en la que todo el mundo pierde. ¿Cuántas trazadas a cuadrícula? La cuadrícula solo es un revestimiento. Como el papel milimetrado. La ciudad misma, por dentro, es toda bucles y curvas exasperantes. Desbordantes de violenta vacuidad. Con frecuencia has cavilado sobre eso, en especial después de cenar en el Star Diner. Reflexionabas aquella noche sobre eso cuando recobraste un remedo de conciencia. Reflexionar no es la palabra. Tu zarandea cerebro, con su caparazón aporreado, era incapaz de reflexionar. Parecía más un sueño sin imágenes sobre el dolor y la ciudad. Casi sin imágenes. Te pasaban a través de un viejo proyector de cine. Tus entrañas laberínticas llenas de crímenes estaban a la vista en alguna parte. Tus ruedas dentadas se bloqueaban en el engranaje, desgarrándose. Tus pensamientos se bloquearon en el mecanismo. Fundido en negro.

Latas de cerveza aplastadas. Un zapato viejo. Un tapacubos oxidado. Cajas con tablas rotas. Un trozo de cañería. Botellas de plástico abolladas. Basura en la orilla, acurrucándose entre las rocas. Números enteros. Que no suman nada. Sin embargo, sigues con la puta aritmética. Hecho una mierda, tambaleándote, te pusiste en pie. Me parece que voy a tener que cambiar de colchón, dijiste.

Es amiga tuya aunque ella no siempre se acuerde. Le traes objetos que le gusta coleccionar, como botones de abrigo, agitadores de cócteles, cordones de zapato, envoltorios de caramelos y viejas pelotas de tenis, y una vez te sacó de un apuro atacando al asesino que pretendía matarte, aunque quizá tuviste suerte por estar debajo. Hoy no tienes nada que darle salvo el linimento de Blanche o los cordones de tus zapatos, pero no es preciso, permanece oculta.

Rara vez matan a políticos corruptos y jefes de la mafia dejando su dignidad intacta. Michiko te habló una vez de un amante que, envenenado por un potente laxante en su wasabi, murió realmente cuando, presa de la desesperación, logró sentarse en la taza de un retrete cargado de explosivos. Tus clientes suelen preguntarte por las costumbres higiénicas de los investigados. El diagrama de la caca, como lo denomina Blanche, arrugando la nariz con desdén, aunque conoce y acepta la importancia de los hábitos y exudaciones corporales en la comisión y resolución de crímenes, y con frecuencia, a su remilgada manera, te ha instruido en sus aspectos más relevantes.

Noir, Robert Coover

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[…] Proyecto para un urbanismo realista: sustituir las escaleras de Piranesi por ascensores, transformar las tumbas en rascacielos, plantar plátanos a lo largo de las alcantarillas, convertir los cubos de basura en viveros, amontonar las chabolas y construir todas las ciudades en forma de museo; sacar partido de todo, o incluso de nada […]

[…] Aviso a los constructores de ruinas: los urbanistas serán sucedidos por los últimos trogloditas de las chabolas y los tugurios. Estos sí sabrán construir. Los privilegiados de las ciudades-dormitorio solo podrán destruir. Habrá que esperar mucho de un encuentro semejante: define la revolución.

Al devaluarse, lo sagrado se ha convertido en un misterio: el urbanismo es el último fracaso del Gran Arquitecto.

Tras el envanecimiento tecnológico se esconde una verdad revelada como indiscutible: hay que “habitar”. Sobre la naturaleza de semejante verdad, el mendigo sabe muy bien a qué atenerse. Sin duda sabe valorar mejor que nadie, entre los cubos de basura en los que le obliga a vivir la prohibición de alojarse, que construir su vida y construir su morada no se distinguen al nivel de la única verdad posible, la práctica […]

Comentarios contra el urbanismo, Raoul Vaneigem

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Los hombres están repletos de cosas que decir, ya te lo advertí […] Repletos como viejos colchones de paja. Repletos de cosas que decir y de cosas que no hay que decir. Tú recoges la oferta y rindes servicio a la humanidad. Eres el expurgardor. Pero, cuidado, hijo, es muy cansada. Si arañas el fondo, sacarás agua clara y sacarás mierda. Cuida tus cojones, no solo hay belleza en la cabeza del hombre.

Si supieses las cosas que leo… La mierda hay que dejar que se la lleve el río

Huye rápido, vete lejos (Pars vite et reviens tard); Fred Vargas

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Hemos aparcado en la esquina de una cala muy pequeña, con apenas arena, pero con sillones naturales de diseños imposibles en las rocas que dan al mar: peñascos adornados con residuos que ha ido dejando la gente, todo un biosistema compuesto de condones, tambores de Dixan, radiocasetes oxidados y bolsas de Doritos.

Hilo musical, Miqui Otero

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Enjambres de moscas y mosquitos a su alrededor. Quoyle vio una espiral de plástico azul. La recogió; luego, como a un metro de distancia, divisó un pañal sucio. Un palo plano con palabras estampadas: 5 PUNTOS PIRULETA PETE. Cuando encontró una arrugada bolsa de plástico, la llenó con los desperdicios. Botes de hojalata, tarritos de alimentos infantiles, una bandeja de carne de supermercado, un papel arrugado que atrajo al lector desocupado.

“… puede que usted no confíe del todo en que pueda completar con éxito total el programa entero del Negocio de la Moda. Bien, yo puedo hacerle una oferta especial que hará que le resulte más cómodo. ¿Por qué no prueba para empezar con la Primera Parte del curso? Eso no implica ningún compromiso por su parte y le dará oportunidad de…”

Una cuerda de plástico, el tubo de cartón de un rollo de papel higiénico, envoltorios de tampones de color rosa.

Abrió el picaporte y entró. Una mezcolanza de leña y basura. Apestaba. El perro gruñó. Lo vió en el rincón, cerca del fogón, un perro blanco con ojos sin brillo. Un montón de harapos se agitó en el otro rincón y el viejo se sentó.

Incluso a la débil luz, incluso en la ruina cadavérica de la edad, Quoyle notó un parecido. El pelo revoltoso de la tía; la boca sin labios de su padre; los ojos tan frecuentes en la familia, hundidos bajo unas cejas tan ásperas como la crin de un caballo; la postura de su hermano. Y una visión de su propia barbilla monstruosa, en este caso un saliente óseo un poco más pequeño asfixiado por unas cerdas blancas.

En el hombre situado ante él, en la cabaña, atestada de pobreza de otro siglo, Quoyle vio de dónde procedía él mismo. Pues el viejo estaba loco, con los engranajes de la mente desajustados desde ahcía tiempo y convertidos en unos discos con los dientes de los bordes rotos. Loco de soledad y desamor, o por alguna mezcla química genética, o por la inundación de traiciones que padecen todos los eremitas. Rollos de sedal en el suelo, el enredo pisado hasta formar detritos compactos con restos de astillas, arena, lluvia, humedad del mar, hilos de algodón, costillas de cordero roídas, agujas de piceas, escamas y espinas de pescado, vejigas reventadas, despojos de foca, cartílagos de calamar, cristales rotos, tela arrugada, pelos de perro, recortes de uñas, cortezas y sangre.

Atando cabos, Annie Proulx

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La otra foto, la que le hizo a Liese con Erika, la tenía pegada en un álbum. Esa era la copia que la señora Schneider había colocado en su espejo. Heinrich quiso suponer que la otra la había guardado en un lugar más discreto, más íntimo. No pudo sospechar a qué alto grado de intimidad había sido relegada aquella copia a color, en el fondo de una vieja caja de galletas, perdida entre un montón de retales, trozos de cordón, tapones de corcho, viejas facturas y otros objetos INSERVIBLES.

El festín de la muerte, Jesús Díez de Palma

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Los Ewell de Maycomb vivían detrás del vertedero de la ciudad, en lo que otrora había sido una cabaña de negros. Las paredes de tablas habían sido suplidas con planchas de hierro acanalado; el tejado, recubierto con botes de hojalata aplanados a martillazos; era cuadrada con cuatro pequeños cuartos que daban al vestíbulo alargado, y descansaba sobre cuatro elevaciones de piedra caliza. Las ventanas eran meros huecos en las paredes, y en verano las cubrían con grasientos trozos de tela, a fin de obstaculizar el paso a los bichos que se nutrían de los desechos de Maycomb.

Pero los bichos no disfrutaban de grandes banquetes, pues los Ewell hacían una incursión diaria por el vertedero. Los frutos de esas incursiones (los que no servían como comida) hacían que el terreno que rodeaba la cabaña pareciese la habitación de los juguetes de un niño desquiciado. La valla estaba hecha con trozos de ramas, escobas y mangos de aperos, todo coronado con herrumbrosas herramientas de labranza sujetadas con trozos de alambre de espino. Encerrado dentro de aquella barricada había un patio sucio que contenía los restos de un Ford Modelo-T (a trozos), un sillón deshechado de dentista, una nevera antigua, además de variopintos objetos menores: zapatos viejos, destrozadas radios, marcos de cuadro y jarros, entre los cuales unas gallinas flacas picoteaban confiadamente.

Sin embargo, un rincón de ese patio maravillaba a todo Maycomb. En fila, junto a la valla, había seis orinales desconchados que contenían unos geranios de color rojo vivo, cuidados con la misma ternura que si hubiesen pertenecido a la señorita Maudie Atkinson, suponiendo que ésta se hubiese dignado a admitir un geranio en sus dominios. La gente decía que pertenecían a Mayella Ewell.

Nadie sabía con seguridad cuántos niños había en la casa. Unos decían seis, otros nueve; cuando pasabas por allí, en las ventanas, siempre había varios pequeñajos de cara sucia. Pero nadie tenía ocasión de pasar, excepto en Navidad, cuando las iglesias repartían cestos de provisiones, y el alcalde nos rogaba que ayudásemos al barrendero yendo a arrojar al vertedero los árboles navideños y la basura de nuestras casas.

To kill a monckingbird, Harper Lee

Matar a un ruiseñor, Baldomero Porta

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Mi temperamento es así: por lo cual esos problemas se sostienen en mejor equilibrio, con la cabeza hacia abajo. Y si no puedo soportar la idea de un Cristo sacrificándose por la salvación ingrata de todas esas gentes atroces con quienes me codeo, encuentro cierta satisfacción e, incluso, una especie de serenidad, en imaginar a esa turba pudriéndose para producir un Cristo… Aunque preferiría otra cosa, porque toda la enseñanza de Aquél no ha servido más que para hundir a la humanidad un poco más hondamente en el lodo. La desgracia viene del egoísmo de los feroces. Una ferocidad abnegada: esto produciría grandes cosas. Protegiendo a los desdichados, a los débiles, a los raquíticos, a los heridos, equivocamos el camino; por eso aborrezco la religión que nos lo enseña. La gran paz que los propios filántropos pretenden extraer de la contemplación de la naturaleza, fauna y flora, se debe a que, en el estado salvaje, solo los seres robustos medran; todo lo demás, residuo, sirve de abono. Pero no se sabe ver esto; no quieren reconocerlo…

Si llevamos adelante nuestra tarea, y puede usted contar conmigo para eso, no pido ni dos años para que un poeta de mañana se crea deshonrado si comprende lo que quiere decir. Sí, conde, ¿quiere usted apostar algo? Se considerarán antipoéticos, todo sentido y todo significado. Propongo que trabajemos con ayuda de lo ilógico. ¡Qué bello título para una revista es: “Los limpiadores”!

ANDRÉ GIDE, Los monederos falsos

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Quisiera narrar la decadencia de mi familia desde tiempos inmemoriales, pero ni siquiera puedo encontrar algo de épica en una inexistente y polvorienta rusticidad urbana. Mi madre me grita a través de la ventana, deja en paz esa carretilla, dale la vuelta antes de que llegue tu padre. En todos los universos tengo que palear (no sé si queda clara la analogía, pero hay que luchar contra el kippel), porque toda esa pequeña basura (pelusas y trozos de cable y tapones de corcho y tuercas y alfileres y cajas de cerillas casi vacías (todo ese símil de la entropía en forma de objetos inútiles)) se acumula sin cesar y no hay más remedio que barrer y palear aquí y en todos los aquí posibles que recorro sin detenerme.

JAVIER AVILÉS, “Parafamilia”, Mi madre es un pez

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Y entonces,

5,4,3,2,1…

¡DESPEGANDO!

¡Hacia arriba que

me fui… dejando atrás la basura

y el desorden de la granja

del señor García!

SEAN TAYLOR (traducido por MARC BARROBÉS I MEIX), ¡Despegando!

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Lo aprendemos primero pero casi todos lo olvidan: Aquí todo lo importante genera basura. La basura no descansa, incluso en la noche toma posiciones franqueando lo perdido el día anterior. Es provocada por la propia existencia, por nuestra vida. No solo los zapatos sucios, cada actividad genera una determinada cantidad de basura, cuyo almacenaje es incompatible con la vida, de no ser porque barremos, fregamos, reciclamos y canalizamos la basura de todos garantizándonos así la vida. De no ser porque mamá barría, fregaba, reciclaba y canalizaba la basura de todos garantizándonos así la vida.

Mamá con “m” de “más” es una razón para quedarme, pero es también una razón para irme. Hasta hace poco, mamá ha sido la “más” rápida y eficaz barriendo, fregando, reciclando y canalizando la basura de todos. Como quien intenta agotarlo por exceso, la limpieza de mamá tenía algo de duelo, de repetición rápida, de comer todo para terminar pronto, de comida totémica freudiana. Tan deprisa iba que en ocasiones le sobraba tiempo. En ese tiempo, casi siempre terminaba encontrando más cosas que hacer o yendo a la iglesia, pero de vez en cuando mamá acababa mirándose al espejo y allí quedaba paralizada. En su reflejo veía al “ángel de la casa”, y cuanto más tiempo tenía mamá para mirarse en el espejo, menos le gustaba su ángel de la casa.

El rostro del ángel era una versión satinada e ingenua del rostro de mamá: redondo, blanco, sonriente, seráfico, como un destino o como una versión filtrada por alguna religión del modelo a ser que a mamá le correspondía por su forma de vida. La cara sonrosada e inexpresiva del ángel, congelada en el rigor mortis de su cuerpo incorrupto, era como esas muñecas que regalan a las niñas para que aprendan a ser ángeles de la casa y que aterrorizan por su contención.

Les juro que en más de una ocasión logró mamá matar a su ángel, apuñalándolo, disparándole y pataleando con violencia su cuerpo de ángel de la casa. Sin embargo, como no tenía coche, ni sabía conducir, ni tenía certificados para lograr trabajo remunerado, ni era joven y era una mamá con “m”, y no se atrevía a confesar a nadie su asesinato, tuvo que vivir con el cadáver de su ángel dentro de la casa. Sí, tal vez debiera haberlo tratado como a los residuos y las manchas y, como tal, restregarlo con lejía, pero, querámoslo o no, el ángel era parte de ella y no se atrevía a mandarlo por las cañerías de los desechos. Solo esperaba paciente una descomposición natural, que nunca llegaba.

Cada día mamá escondía al ángel de la casa en un sitio distinto. Previamente le clavaba un cuchillo de cocina en el corazón para reiterar su falta de arrepentimiento y renovar su muerte simbólica. Lo llevaba de debajo de la cama a debajo de la mesa, de rincón a rincón, buscando el lugar definitivo que activara su descomposición. El resultado, como todos saben, es que vivir con el cadáver de un ángel de la casa es prácticamente igual que vivir con el ángel mismo de la casa.

De pequeña yo compartía con aquel ángel los mismos sitios y muebles en que esconderme. Cierto que mamá hizo esfuerzos para que el cadáver del ángel no molestara al resto de la familia, pero lo máximo que logró fue plegarlo para que no ocupara demasiado espacio y pudiera ser escondido en los huecos donde se meten las cosas que no te decides a tirar. Habitualmente los huecos donde él estaba eran los que a mí más me gustaban para fingir mis autosecuestros cuando era niña.

En lo que no se parecía a mamá, yo odiaba a ese muñeco semidivino que nunca se convertía en detritus y que siempre estaba allí donde un niño desea hacer su madriguera: debajo de la cama o en el hueco entre el armario y la pared. Estando el cadáver del ángel de la casa, no había lugar para la sombra del monstruo del saco, ni siquiera para la bruja o los fantasmas locales. EL lugar de todos ellos ya estaba ocupado por el ángel de la casa de mamá, que para colmo ni siquiera era inmaterial, sino matérico, inmutable e incorrupto, aniquilando cualquier posibilidad de inventar en una imagen sugerida, un monstruo distinto que diera miedo. Cuando se vive con el cadáver del ángel de la casa, ya no te da miedo nada. El ángel está ahí si quieres verlo, dando lástima y náusea, a partes iguales.

Grande fue el día en que mamá decidió no pasear más a su ángel de la casa y lo encerró en el arca del ajuar que , según un pacto implícito de los de Aquí, yo heredaré algún día. En ese arca reposan los manteles, las sábanas con iniciales, los tú-y-yo y las colchas bordadas por ella y que aspiraban a sentenciarme a mí como otro ángel de la casa. Desde el momento en que mamá cerró el arca con el ángel dentro, volví a tener los huecos solo para mí sola y mamá comenzó a tener horas y ganas para salir de casa. Durante varios años accedió al arca que fue relegada al cuarto de los trastos viejos, debatiéndose entre el ataúd y la caja de Pandora. Al poco de tomar la decisión de marcharme de Aquí, até varias piedras al arca y una noche logré arrastrala hasta las afueras y lanzarla al río. No sea que mamá venda la casa o nos la quiten los del banco, y a sus próximos habitantes les dé por mandarme el arca junto a las fotos del mueble bar, y en el trayecto descubran el contenido. Como el ángel es una especie de zombi, no tengo claro si pueden acusarnos de asesinato, pero estoy dispuesta a cargar con el muerto y asumir orgullosa mi delito si alguien en el futuro descubriera su cadáver.

(pág. 137-140) DESPACIO, REMEDIOS ZAFRA, Caballo de Troya 2012.

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O LIXO

Encontram-se na área de serviço. Cada um com seu pacote de lixo. É a primeira vez que se falam.

-Bom dia…

-Bom dia.

-A senhora é do 610

-E o senhor do 612

-Eu ainda não o conhecia pessoalmente…

-Pois é…

-Desculpe a minha indiscrição, mas tenho visto o seu lixo…

-O meu quê?

-O seu lixo.

-Ah…

-Reparei que nunca é muito. Sua família deVe ser pequena…

-Na verdade sou só eu.

-Mmmm. Notei também que o senhor usa muito comida em lata.

-É que eu tenho que fazer minha própia comida. E como não sei cozinhar…

-Entendo.

-A senhora também…

-Me chame de você.

-Você também perdoe a minha indiscrição, mas tenho visto alguns restos de comida em seu lixo. Champignons, coisas assim…

-É que eu gosto muito de cozinhar. Fazer pratos diferentes. Mas, como moro sozinha, às vezes sobra…

-A senhora… Você não tem familía?

-Tenho, mas não aquí.

-No Espírito Santo.

-Como é que você sabe?

-Vejo uns envelopes no seu lixo. Do Espírito Santo.

-É. Mamãe escreve todas as semanas.

-Ela é professora?

-Isso é incrível! Como foi que você adivinhou?

-Pela letra no envelope. Achei que era letra de professora.

-O senhor não recebe muitas cartas. A julgar pelo seu lixo.

-Pois é…

-No outro dia tinha um envelope de telegrama amassado.

-É.

-Más notícias?

-Meu pai. Morreu.

-Sinto muito-

-Ele já estava bem velhido. Lá no Sul. Há tempos não noa víamos.

-Foi por isso que você recomeçou a fumar?

-Como é que você sabe?

-De um dia para o outro começaram a aparecer carteiras de cigarro amassadas no seu lixo.

-É verdade. Mas consegui parar outra vez.

-Eu, graças a Deus, nunca fumei.

-Eu sei. Mas tenho visto uns vidrinhos de comprimido no seu lixo…

-Tranquilizantes. Foi uma fase. Já passou.

-Você brigou como o namorado, certo?

-Isso você também descobriu no lixo?

-Primeiro o buquê de flores, como o cartãozinho, jogado fora. Depois, muito lenço de papel.

-É, chorei bastante, mas já passou.

-Mas hoje ainda tem uns lencinhos…

-É que eu estoy com um pouco de coriza.

-Ah.

-Vejo muito revista de palavras cruzadas no seu lixo.

-É. Sim. Bem. Eu fico muito em casa. Não saio muito. Sabe como é.

-Namorada?

-Não.

-Mas há uns dias tinha uma fotografia de mulher no seu lixo. Até bonitinha.

-Eu estava limpando umas gavetas. Coisa antiga.

-Você não rasgou a fotografia. Isso significa que, no fundo, você quer que eLa volte.

-Você já está analisando o meu lixo!

-Não posso negar que o seu lixo me interessou.

-Engraçado. Quando examinei o seu lixo, decidi que gostaria de conhecê-la. Acho que foi a poesia.

-Não! Você viu meus poemas?

-Vi e gostei muito.

-Mas são muitos ruins!

-Se você achasse eles ruins mesmo, teria rasgado. Eles só estavam dobrados.

-Se eu soubesse que você ia ler…

-Só não fiquei com eles porque, afinal, estaria roubando. Se bem que, não sei: o lixo da pessoa ainda é propiedade dela?

-Acho que não. Lixo é domínio público.

-Você tem razão. Através do lixo, o particular se torna público. O que sobra da nossa vida privada se integra como a sobra dos outros. O lixo é comunitário. É a nossa parte mais social. Será isso?

-Bom, aí você já está indo fundo demais no lixo. Acho que…

-Ontem, no seu lixo…

-O quê?

-Me enganei, ou eram cascas de camarão?

-Acertou. Comprei uns camarões graúdos e descasquei.

-Eu adoro camarão.

-Descasquei, mas ainda não comi. Quem sabe a gente pode…

-Jantar juntos?

-É.

-Não quero dar trabalho.

-Trabalho nenhum.

-Vai sujar a sua cozinha?

-Nada. Num instante se limpa tudo e põe os restos fora.

-No seu lixo ou no meu?

LUÍS FERNANDO VERÍSSIMO

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Detrás del monasterio, junto al camino, existe un cementerio de cosas gastadas, en donde yacen el hierro sarroso, pedazos de loza, tubos quebrados, alambres retorcidos, cajetillas de cigarrillos vacías, aserrín y zinc, plástico envejecido, llantas rotas esperando como nosotros la resurrección.

ERNESTO CARDENAL.

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Los escombros de toda aquella locura acumulada durante siglos crujían por toda la biblioteca, como se de alguna forma hubiera que llevar registro de la locura en el Viejo o en el Nuevo Mundo, al igual que mi propio armario, increíblemente abarrotado de miles de cartas, polvo, revistas, marcadores deportivos de la niñez. De esto me di cuenta al despertar de un sueño profundo la otra noche, chirriando solo de pensar que eso mismo hago yo durante las horas que paso despierto: cargarme de esa chatarra que ni yo ni nadie querrá ni recordará jamás en el Cielo.

JACK KEROUAC, DANIEL ORTIZ

SATORI IN PARIS, SATORI EN PARÍS

pág 35, ediciones escalera, 2011

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Cuando llegó a Atenas, vagabundeo por las calles, descansando con la espalda pegada a las murallas, entre los excrementos. Puso en práctica cuanto le aconsejara Diógenes. El tonel le pareció superfluo. En opinión de Crates, el hombre no era un escarabajo, ni un cangrejo ermitaño. Permaneció completamente desnudo en la basura, y recogió cortezas de pan, olivas podridas y espinas de pescado seco para llenar sus alforjas. Decía que aquellas alforjas eran una grandísima ciudad opulenta donde no había ni parásitos ni cortesanas, y que producía para su rey suficiente tomillo, ajo, higos y pan. De este modo Crates llevaba su patria a la espalda y de ella se alimentaba.

MARCEL SCHWOB, MAURO ARMIÑO

VIES IMAGINAIRES, VIDAS IMAGINARIAS

Crates

Valdemar, 1996, pág 35

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