A Chamuscaito, le olía la nuca a zapato frito.
Caminaba refunfuñando y a un montón de hormigas pisoteando.
Si veía en el suelo una bolsa de patatas abandonada,
se lanzaba para revolcarse y dejarla carbonizada.
Era raro, feo, incoherente,
le llamaban punki aunque solo era un palillo ardiente.
Reía cuando los coches atropellaban caramelos
y lo celebraba paseando por campos de pequeños […]